Son un grupo de amigos normales que quieren disfrutar del verano al máximo. Pero no todo será fácil para la protagonista, que tendrá que guardar su mayor secreto si quiere seguir con vida. No será un camino de rosas.

domingo, 1 de julio de 2012

Capítulo 2: Rencuentro


Victoria daba vueltas en el sofá mordiéndose las uñas. Aún quedaba un cuarto de hora para el rencuentro, pero ella estaba realmente nerviosa. No paraba de murmurar para si misma, cosa que ponía muy nerviosa a su madre, que la miraba fastidiada. Había intentado que se calmase, incluso preparó una tila para ella, pero la chica estaba muy ilusionada.
Era mejor dejarla como cosa perdida, su hija era demasiado obstinada. La única solución era esperar a que llegasen las ocho y que volviese a encontrarse con sus amigos. Esperaba que todos aquellos planes que los niños habían hecho a través de las redes sociales no se cancelasen.

§
 A unos metros de allí, Miriam y Claudia estaban en  casa de su abuela haciendo una guerra de cojines. Ninguna de las dos podía estarse quieta, ni siquiera la mayor, cuya aparente tranquilidad era una máscara para que su hermana no se riese de ella. Tenía por costumbre no mostrar sus emociones, pero esta vez eran demasiado fuertes para ocultarlas.
Claudia conocía perfectamente a su hermana mayor. Después comentaría los nervios de Miriam con la loca de Victoria y se reirían juntas. En eso era bastante parecida a su amiga: adoraban meterse con los demás hasta que estos se picaban.
Las hermanas miran el reloj a la vez. Ya solo quedan cinco minutos. Sus corazones laten emocionados al son de las agujas.
§
En otra casa de la misma calle estaban los hermanos Matagatos. Mientras el mayor, Manolo, miraba al techo preocupado por el rencuentro con el amor de su vida, Alexandra no paraba de ir de un lado a otro. Sus padres y abuelos habían acabado aún más nerviosos que ella de tanto verla dar vueltas por la casa.
Pero allí, sin duda alguna, el que peor se sentía era el chico ¿Qué haría cuando volviese a ver a Lydia? Esperaba que la chica no se hubiese dado cuenta de que, cada día del año que había transcurrido desde que se vieron por última vez, había visitado su perfil de tuenti para admirar las fotografía en las que aparecía la chica.
§
Mientras tanto, el avión del catalán había llegado a su destino. El chico estaba muy ilusionado con la idea de  llegar y ver a su “yaya”. La buscaba con la vista mientras tocaba nervioso la cajita de sus petardos. Entonces, aquel familiar grito sonó cerca de él:
- ¡Albert!
- ¡Yaya!
 Corrió hacia ella, tan emocionado que no reparó en que la caja de los petardos salía de su bolsillo y caía al suelo repartiendo su contenido por el suelo del aeropuerto.
Cuando su abuela le advirtió del “desastre”, ya era demasiado tarde para ponerse a recogerlo. Arrastrados por las maletas de los viajeros, la gran mayoría habían desaparecido.

§
En una casa cercana a la calle donde sería el rencuentro  estaba Lucía.  Llevaba tiempo sin salir a la calle en sus ratos libres. El único compañero que tenía era su gato Filipo.
Su hermano, al contrario, estaba demasiado contento. Parecía haber absorbido la energía de la chica. No dejaba de dar vueltas por el patio, imaginando qué diría a sus amigos cuando volviese a verlos.
Lucía, mucho más desanimada, estaba tumbada en la cama escuchando música y acariciando a su mascota, sin darse cuenta de que el gato estaba llenando su pantalón de pelos grises.
Su madre intentaba motivarla para que saliese, ya que todos los demás estaban ansiosos por verse unos a los otros, pero ella pasaba del tema. Decía que estaba muy a gusto en su mundo. Como sus amigas decían el verano anterior estaba en una burbuja, donde solo había espacio para ella, su mascota y su música.
Desde el incidente del último otoño, había estado más encerrada en su burbuja que nunca.

§
A unos metros de allí  estaban Lydia y Víctor. Lydia estaba ansiosa, quería ser la primera en estar allí. Llevaba tiempo sin ver a sus amigos y, además, su hermano no dejaba de hablarle del mayor de los hermanos Matagatos. Había conseguido que la chica se pusiese colorada, y cada vez le costa más ocultar el rubor de sus mejillas a Víctor.
El chico  no podía estarse quieto.  Llevaba tiempo sin jugar al fútbol con sus amigos e intentaba descargar su nerviosismo chinchando a su hermana. Sabía que con ese tema siempre se picaba y le hacía mucha gracia.

§
Llegó el momento de la verdad. Todos miraban sus relojes, que lentamente movían sus agujas: tic, tac, tic, tac.  Cada vez se desesperaban más. El tiempo parecía avanzar especialmente despacio.  Poco a poco, la aguja grande llego al doce.  Todos abrieron las puertas corrieron al punto de encuentro, enfrente de la casa de Victoria.
 Estaban todos iguales que la última vez que se vieron, no habían cambiado nada, al menos psicológicamente. Hubo abrazos, besos, palmadas en la espalda, gritos... la euforia hacía que no pudiesen estar quietos.  Cuando se tranquilizaron un poco e hicieron un corro para contarse qué tal les habían ido las cosas, Lydia intentó disculparse con Manolo, que estaba un poco apartado, por su comportamiento del verano anterior. Miró al chico, pero este no levantaba la cabeza. Le daba demasiada vergüenza.
-       ¡Hola! ¿Cómo te ha ido el año? –preguntó ella tímidamente.
No hubo respuesta por parte del chico.
-       ¿No vas a hablarme?
Tampoco esta vez contestó. Lydia se retiró abatida y se acercó a los demás.
Victoria miró a sus amigos y reparó en que faltaba alguien, pero no sabía quién podía ser. Y cuando se dio cuenta,  preguntó por Lucía. Tal y como ocurría siempre, nadie le hizo caso. Miró al cielo, preguntándose por qué la gente la ignoraba y vio algo gris pasar muy rápido.
-       Que extraño, pensaba que durante e día no se veían estrellas fugaces… y menos tan grandes. Serán imaginaciones mías –murmuró para si misma.
Dirigió la vista hacia su derecha, sorprendida de lo que había visto. Siempre se había considerado un poco loca, pero tanto como para tener visiones… Y ahí la vio, Lucía. Estaba en una  esquina, completamente sola, pero un difuminada por la penumbra, no la podía ver bien. Apartó  la vista para decírselo a los demás y cuando miró otra vez no había nadie. Volvió a mirar hacia el cielo, preocupada por sus alucinaciones, y volvió a ver esa luz grisácea y brillante. Definitivamente, tenía que dormir más.

Cuando se fueron todos, ya pasada la media noche, Victoria se miró en el espejo y se formuló las preguntas que llevaban toda la noche rondando su mente: ¿qué le pasaba a Lucía? Raúl dijo que no había salido en toda la tarde de su cuarto.  Y, algo aún más preocupante, ¿qué podían haber sido aquella luz y aquella figura que vio en la esquina?

------------Nota de Sofía-----------
¡Buenas! ¿Qué os ha parecido el capítulo? En este ha participado más Andrea, ella lo hizo casi todo y yo metí rollo y corregí la ortografía. Me esforzaré más en el próximo y a lo mejor subiré un dibujo.
¡No olvidéis comentar!
Pasad una buena semana.

-------------Nota de Andrea-----------
¡Hola! Esto está teniendo éxito, estoy muy contenta. He pensado en hacer una historia propia, cuando haga el blog, os pasaré el enlace.  ¿Os ha gustado el capítulo?

7 comentarios:

  1. Esta muy bien!!Uno de los personajes se llama como yo jeje

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    1. ¿Quién es? Son tantos... puede que incluso nos hayamos saltado a alguien xD
      Me alegro de que te haya gustado

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  2. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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    1. Como curiosidad: el gato de Andrea se llama así xD
      Me alegro de que te haya gustado, no tardaremos en subir el 3 ^^

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  3. Gracias por leerlo....seguir leyendo...el 3 va a estar muy interesante

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